Feeds:
Entradas
Comentarios

Recuerdos de Rusia 

Con este calor sofocante

Recuerdo el frío gélido de sus calles

Mi barrio.

Mi primer rincón,

de pavimento irregular y luces

Sin vida.

Farolas escasas a lo largo.

Y el parque-bosque en mitad del camino.

El hielo partiendo las ramas,

Haciendo crujir cada elemento a mi alrededor,

Dando peligro

A cada carretera,

Haciéndome danzar en un patinaje

Forzado.

Y cómo odié ese frío penetrante y agudo.

Hasta hartar.

Y cómo ahora lo sueño y lo añoro

Y lo siento en cada latir.

Ese frío es ya sangre que corre por mis venas

Que las coagula y las detiene

Y las retiene

En ese barrio,

en ese

Mi primer y cochambroso

Barrio,

Mi queridísimo

Barrio.

Kanfietka.

Qué vida tengo,

no es la utopía que de niña

soñaba,

no tiene la grandeza

que imaginé albergaría,

no tiene nada

de riquezas

ni de grandes éxitos

ni de versos

tocados por la iluminación.

No, no tiene de eso.

A cambio tiene metas más pequeñas,

un pequeño rincón al que llamar

hogar,

un balconcito con flores,

llegar a fin de mes,

leer y escribir, a veces,

y

compartir mis flaquezas, cualidades,

locuras y risas,

contigo.

Rodearme de los que realmente

son mi familia,

envejecer a tu lado.

Ser feliz en la sencillez.

En el fondo

sé que éstos son

los verdaderos retos de una vida

y

los que la hacen maravillosa.
Kantfietka 19/05/15

En hotel

En un hotel 

Entre papeles y mails y clientes 
Se pierden mis 
Poemas. 
Futuros versos 
Que perecen antes de su creación.
La condena de la mayoría, 
Del que se ahoga en las facturas y el pa(e)so de los años malgastados.
Y los sueños se escarchan, se marchitan o se olvidan. 
Y mis odas lloran su tragedia, 
Sabedoras de una muerte anunciada, 
Apuñaladas por la rutina y 
El cansancio y la desesperanza, 
Traicionadas por mis manos poco laboriosas y mi mente nada colaboradora. 
Ellas lloran,
Yo soy su genocida. 
Y las obligaciones me han convertido 
En la sombra de mis deseos frustrados. 
Quizás se halla en mis propias faltas el por qué de mi fracaso. 
Traicionera de sueños a los que di la espalda antes de lucharlos. Antes tan si quiera de vislumbrarlos.
La mayoría somos así, yo 
Formo parte de esa mayoría… Qué triste. 
Yo que no lo quería. 
Me he vuelto de ésos asesinos de alma propia. 
Maté mi ego, ahogué mi existencia, entre papeles y deberes y pragmatismo y miedos y debilidades.  
Y el hondo pesar que siento a veces son esas vidas que arrebaté, 
Que en el lodo de mi corazón se posaron. 
Mi poeta ha muerto. 
Otro joven Werther suicidado.

Y la página en blanco

se ríe de mí

a carcajadas.

La desesperación

abarca todos los tonos

posibles

y nada funciona

para tener a las musas

de mi parte.

¿Dónde os fuistéis

perras traicioneras?

Sois como malditas

sirenas

que atraéis con vuestro

cántico a viajeros

y después de conquistarlos

y llevarlos a la perdición

los abandonáis a su

suerte.

¿Qué debo hacer para

albergaros

para siempre?

¿A quién debo

pagar

para reteneros?

Sois como arena del

desierto,

imposible de retener

en mis manos,

os deslizáis más rápido

de lo que puedo

aguantaros y

os pierdo con cada latido.

Diablillos escurridizos

¿dónde os escondéis?

caprichosas, maliciosas,

sobrevoláis la mente

de vuestros reos

a vuestro placer.

Y yo aguardo

el momento de que vengáis

a mí y

deseéis quedaros

por largos años, pero

siempre es bana la esperanza

del viajero

y vosotras

sólo sois

luz transitoria

en noche opaca.

Kanfietka 03.01.15

PARAÍSO

No seamos estúpidos,

no perdamos el tiempo

estando vivos.

Gocemos de este nuestro paraíso.

¿Cómo no vemos

que si hay creación divina alguna

se halla aquí

en la Tierra?.

Que el Paraíso

es esta vida única e

incomprensible,

llena de contrastes,

de dudas, sufrimiento,

llantos, pérdidas,

amor incondicional,

amistad eterna,

luces y sombras,

naturaleza ancestral

Imperio imperecedero.

Juguemos mientras podamos,

mientras nos dejen.

Que aquí estamos de

regalo.

Paraíso maravilloso

de piedras preciosas,

animales fantásticos,

historias inolvidables,

ciudades coquetas,

humanos increíbles,

buenos o malos

o un poco de todo.

Seamos libres

de estrujar hasta el último latido.

Bailar, cantar,

comer, dormir,

observar, leer,

escribir, follar

sufrir, amar.

VIVIR.

El paraíso

no se encuentra

allá en lo alto

surcando cielos

y distancias estrato-esféricas.

El Paraíso no se halla

en la muerte, no es la meta,

la puerta final que abrir.

El Paraíso

está, se alberga,

aquí.

En cada llanura,

prado, arrozal,

selva y desierto.

Playa soleada

y cielo estrellado,

pájaro danzarín,

gato adormilado,

oso comilón,

bebé llorón,

mujer cantarina,

adolescente alado.

El Paraíso

no es destino,

es camino.

No perdamos pues

el rumbo y

gocémoslo

mientras estamos vivos.

Siempre que observo este cuadro durante un buen rato, a parte de admirar los bellos y obvios trazos y su realismo escrupuloso, quedo absorta por algo que va más allá. Por un lado, los personajes, esa intrahistoria con la que nos enlaza y que nos deja en el aire como un misterio, ése hombre y ésa mujer que extrañamente están en pleno invierno en medio del mar, disfrutando del momento sin ningún pensamiento de racionalidad que les impreque a salir del agua para preservar su propia salud. Él, allí, con los brazos extendidos recibiendo la vida con regocijo y dándole la mano a su amada compañera, ella, más tierna, agarrando su sombrero de buena clase (para no perder si se puede del todo el decoro) y mirando con complicidad al hombre que parece que la incite a mantener una danza en el océano. Ellos, jugando sin importarles ni el frío, ni el viento, ni el agua que se les está calando a través de esos pesados ropajes tradicionales rusos. Y finalmente, las olas embravecidas que entre el jolgorio se divierten con esos “locos” seres humanos y dialogan a golpes con sus frágiles cuerpos. Las sacudidas son sus dulces saludos. Y juntos: naturaleza, hombre y mujer, juegan a un juego del que nos marginan, ni tan siquiera les importamos, nosotros sólo somos el espectador que o bien les juzgará por sus acciones insensatas o bien les envidiará en silencio y avergonzados por su coraje en la orilla, pero, sea como sea, para ellos sólo importa lo que en sus carnes sienten que es ese claro, directo y auténtico himno que gritan con sus sonrisas: ¡Qué libertad!.

Imagen

Supongo que yo soy de las que envidian desde la playa, no hay más que fijarse que ellos son los protagonistas del blog… siempre allí sonrientes recordándome que hay que realmente vivir. ¡qué envidia me dan! ¡salid del agua que cogeréis un resfriado! les chillo los días que sus sonrisas me resultan impertinentes y burlonas, al otro, simplemente les dejo jugar entre el eterno mudo-bramido, intenso y cautivador mar.

Kanfietka

Век живи, век учись

Eltiempohabitado's Weblog

Blog de Julie Sopetrán. Poesía para niños y adultos.

💬

¡viva!

bulboraquideo

This WordPress.com site is the bee's knees

Bosque de Kobernauss

Retazos literarios