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Archive for 23 septiembre 2012

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                                                    El vals

Camille Claudel no fue una mujer típica. Aunque por desgracia no se la conozca tanto como a su hermano, el dramaturgo, poeta y diplomático Paul Claudel, Camille hizo méritos de sobra para que su nombre trapasara el tiempo e impregnara el mundo de su personalidad. Sus obras son de una belleza única y es conocido que durante años trabajó en el taller de Rodin, escultor con quien tuvo una relación. Actualmente hay luchas jurídicas y problemas sobre la autoría de bastantes de las esculturas del escultor, pudiendo ser más que razonable que en realidad pertenecieran a Camille, quien también ayudó al celebérrimo a construir muchas mientras creaba suyas propias. Información bien detallada en la Asociación de Camille Claudel <www.camilleclaudel.asso.fr>.

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                                      La sirena

Dejando el asunto a parte, no se puede negar en ningún caso que Camille fue una joven excepcional, que la escultura era su vía de expresión, el medio que su genio utilizaba para comunicarse con el exterior, pero, el gran problema, es que esta genialidad se encarnó en el cuerpo de una mujer y que ésta además nacía a finales del s.XIX en el seno de una familia en la que todos los familiares (sobretodo madre y hermana, es desgarrador ver que siempre es la mujer más fanática la que persigue con más vehemencia a las de su misma condición que no siguen los preceptos convenientes de la época) consideraban su inquietud y sus extraños ataques de nerviosismo, una amenaza que debía ser contenida. La única persona que luchó para que no sucediera tal desgracia, fue su padre, pero, cuando éste falleció en 1913 su familia quedó libre para cometer tal atrocidad y Camille fue encerrada en un manicomio donde pasó todos los días que le restaban de vida, cantidad que ocupó la despreciable cantidad de tres décadas, tiempo en el que Camille suplicó por carta a su hermano Paul para que interfiriera y pusiera fin a su encarcelamiento y del que no obtuvo más que silencio como respuesta.

Finalmente, Camille vivió, creó, destruyó sus obras y murió en el manicomio de Montdevergues, completamente sola, puesto que su estimada familia prohibió explícitamente que nadie la visitara, algo que a ellos no les debió costar mucho cumplir ya que nunca la volvieron a ver. La dejaron arrinconada en el olvido, encerraron al genio y tiraron la llave vilmente y cuando éste apagó su luz en 1943, ni tan siquiera tuvo un entierro digno, como una aberración que molesta a la vista y la sensibilidad se le dio la espalda y se la enterró en una tumba sin nombre y con una única numeración (los números que nos asimilan al ganado que nos despojan de lo que nos da identidad propia). La genialidad de Camille jamás tuvo una recompensa por parte de su familia, puesto que cuando los descendientes quisieron retribuir a su cadáver al menos su nombre, les fue imposible, porque el manicamio había hecho reformas con el terreno donde enterraban a los olvidados por sus familias. Ironías de la vida o venganza del espíritu de Camille que ya nunca sería una simple lápida en un triste cementerio, sino que quedó por fin fragmentada en todas y cada una de las obras que creó, que no corresponde a ninguna familia a ninguna sociedad, es barro, cobre, arcilla, es materia formando bailes eternos, rostros conocidos, oleaje atacando a la humanidad etc.

Es genio y arte para siempre.

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Fernando Pessoa

“Canta la pobre segadora/sintiéndose feliz tal vez./Canta, y siega, con voz sonora/de alegre, anónima viudez./Ondula cual un canto de ave/al aire, limpio como umbral,/y hay curvas en la trama suave/de su vibración musical./Oír alegra, y da aprensiones,/su voz de campo y lid ungida,/cual si tuviera más razones/para ir cantando que la vida./¡Ah, canta, canta sin razón!/Lo que en mí siente está pensando./¡Derrama tú en mi corazón/tu voluble voz ondeando!/¡Ah, poder ser tú, siendo yo!/Poseer tu alegre inconsciencia,/y la conciencia de ello. ¡Oh!/ cielo, campo canción! ¡La ciencia/pesa tanto y la vida es tan breve!/¡Entrad dentro de mí! ¡Tornad/ mi alma a vuestra sombra leve!/¡Después, llevándome, pasad!”

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Kanfietka

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Blog de Julie Sopetrán. Poesía para niños y adultos.

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